FAO intenta mitigar el hambre en América Latina y el Caribe

La subnutrición enmarcada en un panorama de hambre y necesidad es lo que enfrentan día a día 53 millones de ciudadanos en esta parte del continente

Por: Mili Roulet
Abril, 2012

José Graziano da Silva, director de la FAO
José Graziano da Silva, director de la FAO. Fotos suministradas

El alza de los precios de los alimentos y las oscilaciones de los mismos podrían impactar de manera trascendental la ya lastimada situación económica familiar de la población pobre en América Latina y el Caribe, que es precisamente la que invierte mayor cantidad de sus escasos ingresos en la compra de comestibles. El reto que enfrentan los países de este continente de erradicar el hambre, mayormente en sus comunidades rurales, fue el tema en torno al cual giró la trigésimo segunda conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), realizada el pasado marzo en Buenos Aires, Argentina. “Esta iniciativa pertenece a los países y debe ser abrazada por los gobiernos, los parlamentarios, el sector privado, la sociedad civil y la academia, porque la lucha contra el hambre no puede ser solo un compromiso del gobierno”, demandó el nuevo director de la FAO, José Graziano da Silva.

Conferencia regional de la FAO

América Latina y el Caribe sin Hambre para 2025 es un proyecto que nace de la inquietud de los entonces presidentes de Brasil y Guatemala, Luiz Inácio Lula da Silva y Oscar Berger, para mitigar al máximo la desnutrición y el hambre que padece esta región del continente americano.

La FAO, junto a los gobiernos y entidades participantes, se proponen quitar del camino dos principales obstáculos que se interponen para acabar con el hambre en la región y tener acceso a los alimentos: la desigualdad de los ingresos y la deficiente distribución de los recursos entre las clases sociales. Esto, sumado a la batalla que se debe librar ante la inflación alimentaria y los factores exógenos que se presentan (fenómenos climatológicos, subidas y bajadas de los precios del petróleo), y los valores bajos, en la reserva de productos básicos (pollo, maíz, arroz, aceite, cereales, carne).

América Latina y el Caribe sin Hambre 2025

“Los desafíos que el mundo enfrenta hoy están cada vez más interconectados. No se puede hablar de seguridad alimentaria sin hablar de cambio climático, de desarrollo sin sostenibilidad o de inclusión social, sin hablar de precios de los alimentos”, indicó el agrónomo y economista Graziano da Silva, durante la clausura de la trigésimo segunda conferencia de la FAO sobre el proyecto de América Latina y el Caribe sin Hambre para 2025. Según la FAO, en el período de inflación que atraviesa la región ha habido una variabilidad en los precios de los alimentos, principalmente los que componen la canasta básica familiar.

Gráfica de las inflaciones en Latinoamérica, FAO
Gráfica de las inflaciones en Latinoamérica. FAO

La inflación anual general de la región se mantiene dentro del promedio reflejado en los últimos dos años, entre un 8,8 y un 6,6 por ciento. Esta inflación ha variado entre un 6 y 7 por ciento durante los pasados dos años en América Latina, según el informe mensual de precios emitido por la FAO, en abril del año en curso. El reportaje refleja indicios de estabilidad en las fluctuaciones de los costos de alimentos en la región.

Así lo explicó el Oficial de Políticas de la FAO, Fernando Baquero, al indicar que “la inflación regional de los alimentos ha sido superior a la inflación general en los últimos dos años. A febrero de este año (2012), dicha inflación se encuentra dos puntos porcentuales por encima de la tasa anual de inflación general”.

Alarma por escasez de recursos gran parte del continente

A pesar de los esfuerzos realizados por esta organización de la ONU, los estados latinoamericanos y caribeños participantes y otras entidades; quedó evidenciado en un documento mostrado en la conferencia de la FAO que la región sufre el alza en los precios de los alimentos más alta en 30 años.

Otro de los inconvenientes que debe superar la FAO y los estados de la región es la degradación de los suelos y la contaminación y escasez del agua, recurso vital para el desarrollo y supervivencia de los seres humanos. Este es un asunto que requiere de atención urgente por parte de los estados, según sostienen expertos de la FAO.

Los científicos insisten en que se deben implementar técnicas que mejoren el riego y mantengan la humedad necesaria para los suelos dar frutos, al igual que recalcan evitar la reducción del potencial hídrico y fomentar el almacenamiento de este preciado recurso.

Conforme a datos ofrecidos por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), las áreas donde vive el 60 por ciento de la población latinoamericana y del Caribe solo cuenta con un 5% de agua potable disponible.

En este sentido, el director del IICA dijo que se “necesita innovar en campos como el manejo poscosecha, los sistemas de irrigación, la agricultura protegida y el uso de las biotecnologías”.

Foto: FAO/Alessia Pierdomenico
@FAO/Alessia Pierdomenico

“Hoy gastamos mucho para producir: consumimos 1,500 litros de agua para producir un kilo de cereales y 15,000 litros para producir un kilo de carne”, señaló uno de los artífices del programa brasileño Cero Hambre, que ha sacado de la pobreza a 19 millones de personas durante los pasados ocho años en Brasil, Graziano da Silva. Es por esta razón que el incipiente director de la FAO insistió en que todos caminen hacia el desarrollo de “patrones sostenibles de producción y consumo de alimento”. Graziano da Silva reiteró que se deben reducir los desperdicios de alimentos luego de advertir que “cerca de 1,300 millones de toneladas de alimentos – aproximadamente un tercio de la producción anual – se pierde o se desperdicia cada año”. La sustentabilidad de los recursos naturales juega un papel relevante para mantener un equilibrio que permita un desarrollo sano de los productos alimenticios, por lo que da Silva reclamó también mayor control en la producción de alimentos al momento de aplicar fertilizantes y pesticidas.

Los datos ofrecidos por la FAO indican que actualmente hay 925 millones de personas padeciendo hambre en el mundo. El peso mayor de la subnutrición recae sobre la niñez, como expresó Graziano da Silva al aducir en la conferencia que “la desnutrición es alarmante entre los niños menores de cinco años”. Para que esta cifra no se intensifique para el 2050, cuando la población mundial alcanzará los 9 mil millones de habitantes, se debe elevar la producción de alimentos a un 70 por ciento, advirtió el economista.

En esta conferencia se dejó ver claramente que apremia el que se modifique la agenda de la agricultura y alimentación, tomando en cuenta los eventos climatológicos que dejan a su paso devastación y pérdidas. “Queremos incrementar la producción agroalimentaria en la región de manera sustentable a través de políticas que preserven los recursos naturales y mejoren el acceso de la gente a los alimentos”, enfatizó el titular del ministerio argentino de agricultura, Norberto Yauhar.

La FAO estima que, de no haber cambios en las inclinaciones actuales, la subnutrición arroparía para el 2015 a 40.9 millones de personas, mientras que para el 2025 aquejaría a 31.2 millones. Este dato representaría el 7 y 5 por ciento, respectivamente, de la población total. Estos niveles de insuficiencia alimentaria tendrían su mayor incidencia durante estos años en América Central con un 13% (2015) y 9% (2025); y en el Caribe con un 15% (2015) y 11% (2025).

Efectividad del programa

Los avances en términos de erradicar el hambre en América Latina y el Caribe para 2025, bajo el programa de la FAO, dependen de las condiciones que rodeen a estos países, por lo que se les clasifica en cuatro categorías. Los países sin necesidad de esforzarse y que poseen los recursos necesarios para mitigar el hambre (Argentina, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador y Uruguay); los que requieren de esfuerzos moderados adicionales (México, El Salvador, Jamaica, Trinidad y Tobago, Brasil, Guyana y Surinam); aquellos que tienen necesidades medias para invertir (Bolivia, Colombia, Paraguay, Perú y Venezuela); y los que requieren de esfuerzos e inversiones colectivas para avanzar hacia sus metas (Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, República Dominicana y Haití). Los mismos han quedado patentizados, teniendo en cuenta las estadísticas presentadas por la FAO.

Madre e hijos en extrema pobreza en Los Barrancones, República Dominicana
Madre e hijos en extrema pobreza en Los Barrancones, República Dominicana. @FAO/K. Fennestad

La iniciativa para erradicar el hambre de la FAO ha logrado, desde su instauración en 1945, que cinco países más se hayan sumado a la lucha contra el hambre reconociendo el derecho a la alimentación. Nicaragua (2000), Bolivia (2007), Ecuador (2008), Brasil (2010) y México (2011) se comprometieron a desarrollar políticas públicas a través de diversos programas alimentarios, agropecuarios y de carácter social. También, se ha creado el Frente Parlamentario contra el Hambre de América Latina y el Caribe del que se han derivado frentes parlamentarios nacionales para implementar sus propios planes, estrategias y programas de seguridad alimentarias en 11 países de la región. Se suman a esta lucha el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), la Comunidad Andina (CAN), y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Otro esfuerzo propulsado por la FAO en los países de la región son las transferencias condicionadas producto del esfuerzo por fortalecer las políticas de protección social, vigentes ya en 18 países.

Familia panameña en su huerto
Familia panameña en su huerto. @FAO/M. Sistini

Comienza a notarse mayor atención, por parte de los estados, hacia los programas de agricultura familiar y alimentación escolar. “Los países están trabajando para entregar a los agricultores familiares una mejor asistencia técnica, créditos, seguros, acceso a tecnologías adecuadas, a los mercados, entre otras formas de apoyo”, explicó el Oficial de Políticas de la FAORLC, José Luis Reyes.

A esta conferencia regional de la FAO, celebrada cada dos años, asistieron los mandatarios de 32 países y más de 140 representantes de 75 organizaciones sociales. En la misma, una de las mayores preocupaciones fue Haití, el estado más pobre de la región y con urgencia de “reconstruir su capacidad reproductiva”, señaló el primer latinoamericano y octavo titular en dirigir la FAO, Graziano da Silva.

Graziano da Silva también urgió a los presentes a tomar acción inmediata y directa sobre los asuntos concernientes al padecimiento de hambre y desnutrición en la región. A estos efectos, insistió en avivar la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre 2025 y a no bajar la guardia ante la lucha por ese diez por ciento (53 millones) de la población a la que no se ha tenido acceso.

Haití a un año después del terremoto
Haití a un año después del terremoto. @FAO/Walter Astrada

De la misma manera exhortó a los países de la región a poner en agenda las recomendaciones expuestas en el reporte de la Commission on Livestock Development for Latin America and the Caribbean, con énfasis especial en ofrecer sistemas de producción ganadera para mejorar la productividad y el acceso a la tecnología y los mercados; reducir los riesgos para la salud pública y animal; prepararse para los cambios climáticos en lo que se refiere al sector ganadero; fortalecer el desarrollo de políticas que ayuden a desarrollar la división ganadera; y manejar asuntos transversales. La FAO asegura, a través del Observatorio Latinoamericano de Hambre y Pobreza, que las políticas pactadas con los gobiernos de la región sean llevadas a cabo de la forma más efectiva posible.

El Observatorio monitorea las situaciones de la seguridad alimentaria. Ejemplos de ello son el Sistema de Información y Cartografía sobre la Inseguridad Alimentaria y la Vulnerabilidad (SICIAV); y el Sistema de Análisis y Cartografía de la Vulnerabilidad y la publicación anual del Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mondo (SOFI). El presupuesto para implementar el programa de trabajo, según el informe que presentó la FAO en la bienal de América Latina y el Caribe sin hambre para 2025, se eleva a $190.8 millones para el periodo que cubre 2012-2013.

De esta cantidad, $52 millones provienen de los fondos ordinarios de la organización y alrededor de $138.8 millones de fuentes externas. Las prioridades van enfocadas hacia la seguridad alimentaria, el cambio climático y sostenibilidad ambiental; en la agricultura familiar y en la sanidad agropecuaria e inocuidad de los alimentos en los países de la región. Así como la FAO invitó a los gobiernos de la región a mejorar e intensificar sus políticas públicas en lo que se refiere a la mitigación del hambre y la desnutrición, de igual forma lo hizo con el (IICA) y con la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), organizaciones con las que se firmaron acuerdos de cooperación para aplacar el hambre en territorios menos avanzados.

Críticas a los subsidios

Durante el cierre de la conferencia de América Latina y el Caribe sin Hambre para 2025, el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina, Lorenzo Basso, replicó ante la FAO, estados participantes y organizaciones privadas que los subsidios aplicados por países más desarrollados a la agricultura son los amagos que impiden la seguridad alimentaria en el mundo. “El tema de las restricciones hay que cotejarlas a la hora de la discusión política y poner también los subsidios, que complican mucho más la seguridad alimentaria. Los subsidios son los culpables de que muchos países tengan una agricultura atrasada”, denunció Basso.

Por su parte, el economista jefe del Banco Mundial, Justin Lin, aseguró que “los altos precios y la volatilidad no son un buen augurio para el cumplimiento de muchos Objetivos del Milenio (ODM). Asegura que “esto erosiona el poder adquisitivo e impide que millones de personas salgan de la pobreza y el hambre, además de tener impactos adversos a largo plazo en la salud y la educación”.

Ante un panorama enmarañado en la inflación y la volubilidad, los subsidios agropecuarios impuestos, la contaminación de los suelos y las aguas unido a la escasez de recursos; los intereses de las grandes industrias y gobiernos, la expropiación forzada de muchos campesinos de sus tierras por falta de políticas agrarias justas, bursátiles, los atropellados derechos de las mujeres, entre muchos factores; el hambre sigue carcomiendo el estómago vacío de los pobres. La inanición no acepta ni entiende de estos temas.

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