Publicado originalmente en Revista Latitudes, 2012.
Los frutos de las multitudinarias protestas en Chile se vislumbran a medias, ante los términos que presenta la reforma tributaria propuesta ante el congreso por el presidente Sebastián Piñera. Los estudiantes no están conformes.
Reportaje por: Mili Roulet
En estas marchas, las mayores desde que se reinstauró la democracia en el país en el 1991, los estudiantes demandan una reforma profunda en el sistema educativo chileno y exigen igualdad para cada ciudadano y que la educación sea gratuita, sobre todo para los menos favorecidos económicamente. Solicitan al congreso chileno no aprobar la reforma tributaria propuesta por el gobierno de Piñera.
“El lucro y el endeudamiento siguen haciendo de las suyas. Es hora de hacer reformas profundas y no solamente cambios cosméticos”, indicó, en medio de la actividad que desencadenó las recientes protestas estudiantiles en Chile, el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), Noam Titelman.
Subir los impuestos a las empresas multimillonarias y bajar los intereses en los préstamos estudiantiles son renglones prioritarios en la forzada reforma que presenta Piñera, en año de elecciones legislativas. La idea es aumentar el recaudo de $700 a $1,000 millones (aproximadamente el 0,4 del producto interno bruto [PIB)]) para de ahí extraer fondos para la educación y que sea el Estado quien otorgue esos créditos con tasas de interés más bajas (de un 6% a un 2% anual), y no la banca privada.
A estos efectos Piñera aseguró que “el 100 por ciento de los mayores recursos que recaude esta reforma tributaria se destinará a financiar la reestructuración educacional”.
Con relación a este recurso propuesto para aliviar las deficiencias en el sistema de educación y la inconformidad de los estudiantes chilenos, el investigador del programa económico del Instituto Libertad y Desarrollo, Francisco Klapp, ha venido advirtiendo desde el año pasado que estudios realizados en varios países y Chile han demostrado que el alza en los tributos no es la solución a este conflicto.
“Subir los impuestos a las empresas, en particular a las utilidades retenidas, es absolutamente dañino y puede perjudicar el producto interno bruto (PIB) para los años siguientes, en varios puntos. Los tributos no son necesariamente una buena herramienta para buscar redistribución”, advirtió en ese entonces Klapp.
A su vez, los estudiantes mostraron su insatisfacción en lo que se refiere a las condiciones presentadas en la reforma tributaria sometida y criticaron el que no se haya contado con ellos para elaborarla pues “se hizo a espaladas de la ciudadanía y los actores involucrados”, según dijo a El Espectador durante la marcha estudiantil el dirigente de la FEUC, Tiltelman. También, su molestia es evidente ante el hecho de que el dinero que se espera recolectar es “muy inferior al necesario”, subrayó.
Según el conservador presidente Piñera, el paquete de la reforma tributaria tiene el propósito fiscal de integrar “impuestos verdes a aquellos bienes cuya disposición final afecta negativamente el medio ambiente”, así como también, “se incrementará el impuesto a los licores de mayor graduación de alcohol”.
Otra de las medidas que supone un alivio al bolsillo de las masas trabajadoras es la que señala Piñera al “permitir a la clase media descontar de impuestos hasta el 50 por ciento de los gastos que efectúen en la educación sus hijos”.
En tanto, las organizaciones estudiantiles chilenas se muestran escépticas ante el hecho de ver efectuados los términos de la reforma de manera palpable, que traiga un respiro a los extendidos bolsillos de los estudiantes.
“Pongámonos serios. Se lo pedimos por favor, dejen de tomarnos el pelo. Estamos pidiendo una reforma tributaria que distribuya la riqueza en Chile para que garantice la educación y nos devuelva la educación a todos los chilenos”, reclamó desde Santiago de Chile el presidente de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), Gabriel Boric.
En ese sentido, el vicepresidente de la república chilena y ministro del interior, Rodrigo Hinzpeter, acotó que “llegó el tiempo de trabajar en torno a los proyectos de ley mucho más que seguir marchando”.
De la misma forma, el presidente de la federación de estudiantes de la Universidad de las Américas de Concepción, Fabián Navarrete, también aclaró que “la demanda que se ha consignado es por la gratuidad y el proyecto (reforma tributaria) de Beyer (ministro de educación de Chile) mantiene el endeudamiento y no regula el alza de los aranceles”.
Contrario a lo que exigen los estudiantes en Chile, el gobierno está dispuesto a negociar la educación pero no a ofrecerla de forma gratuita.
“Hay ciertas cosas que han planteado que el gobierno no ha acogido y no está en su agenda acoger, porque no van en la dirección de mayor calidad y equidad, como en específico la gratuidad”, precisó el ministro de educación de chile, Harald Beyer.
La batalla por lograr que se respete el derecho a la educación de forma gratuita en Chile, es una larga y engorrosa. La masa trabajadora no aguanta más carga encima y los poderosos callan y observan.
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