Río+20: “Fue un absoluto fracaso”

Publicado originalmente en Revista Latitudes el 27 de junio de 2012.

La Cumbre para Desarrollo Sostenible en Brasil no cumplió con las expectativas de los países en vías de desarrollo ni de las organizaciones ambientales.

Reportaje por: Mili Roulet

Una riada de cumplimientos a medias y promesas vagas es el resultado apercibido en la Cumbre sobre Desarrollo Sostenible organizada por las Naciones Unidas, Río+20. No es la primera que se realizaba, pero sí fue la más urgente.

“Se acaba el tiempo”, advirtió el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, en su mensaje inaugural durante la tercera conferencia sobre la conservación ambiental del mundo.

Al dirigirse a los 193 países participantes, grupos comunitarios, organizaciones y ONG’s, el titular de la ONU urgió a los gobiernos y empresas transnacionales a crear conciencia y cumplir cabalmente con lo que se comprometieron 20 años atrás, detener el abusivo desgaste ecológico al que se está sometiendo el único lugar que tenemos para existir y reparar los daños causados a la Madre Naturaleza.

ONU no ha podido lograr un detente ante los excesos sobretodo de los países desarrollados. A pesar de tantos informes de cuyos resultados se han derivado las tres conferencias más importantes sobre el ambiente, todas advirtiendo sobre los peligros que se avecinan para todo el mundo por igual; han pesado más los intereses creados y la codicia de unos pocos.

“La cumbre sobre desarrollo sostenible de la ONU, Río+20, fue un absoluto fracaso”, según expresó a Revista Latitudes el oficial de Unidad de Campañas Greenpeace Internacional, Milko Schvartzman.

Schvartzman indicó que en los acuerdos escritos no existen ni “discrepancias de textos” ni mucho menos compromisos. Más bien el mismo “es más que nada una declaración de voluntades y de diagnósticos de los problemas y cuáles serían las soluciones, solo en algunos casos”, dijo.

Ban Ki-moon insiste en “renovar los compromisos esenciales y darles una nueva dirección”. Verdadera y acción y menos palabrería sería una buena forma de comenzar a demostrar su responsabilidad sobre la gravedad de situaciones que atentan contra la calidad de vida de los habitantes del mundo.

“Poner el crecimiento en el lado de las soluciones en lugar de en el de las causas es truncar de partida cualquier posibilidad de cambio real”, así lo manifestó el miembro de la Alianza ¿Economía verde?, Iñaqui Bárcena.

La intención de la ONU quizás sea buena pero no su forma de hacer que quienes tienen que respetar los derechos humanos de los demás, así lo hagan.

Historial de conferencias que van y vienen

La iniciativa de comenzar a cuidar el medio ambiente nace de la preocupación que surge de los estudios de diversas índoles realizados en la década de los70. A raíz de la Conferencia sobre el Medio Humano de Estocolmo, celebrada en 1972, se esbozó la base de lo que sería la Cumbre de la Tierra de 1992, en Río de Janeiro, Brasil. Esto, gracias al informe de Brundtland, denominado Nuestro Futuro Común, que presentó las conclusiones de la conferencia de 1972 y del que nació el Programa del Medio Ambiente (PNUMA), en la ONU. Luego llegó Programa 21, otra cumbre acerca del medio ambiente y desarrollo, según recomendaciones expuestas en el mismo informe.

De esta, surgió Río+5, oficiada en la ciudad de los rascacielos en 1997 en la sede de la ONU, en Nueva York, a manera de seguimiento de Programa 21, y en la que se determinaron los criterios bautizados como los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que caducarán en 2015.

En ellos, se establecen las políticas a seguir sobre la erradicación de la pobreza y el hambre y la globalización. Cinco años más tarde, se convocó en Sudáfrica la Cumbre de Johannesburgo.

Finalmente, llegó la actual benjamina de las cumbres, Río+20, en la cual la mayor parte de los 50 mil concurrentes salieron igual como entraron, sin alguna de sus expectativas satisfechas y con el mal sabor que provoca la falta de acciones y responsabilidades sobre los compromisos adquiridos para evitar un caos ecológico a corto plazo.

“El Planeta se encuentra en una situación mucho más crítica ambientalmente y de inequidad que hace 20 años, pero la urgencia de abordar las soluciones es aún mayor”, insistió Schvartzman.

A su vez, el miembro oficial de Greenpeace sostuvo que “los únicos beneficiados del resultado de la cumbre Río+20, son las corporaciones y gobiernos responsables del descalabro social y ambiental, que se seguirán beneficiando con el status quo”.

Schvartzman aseguró que existen las herramientas necesarias para revertir el deterioro ecológico en el mundo como “las tecnologías y posibilidades para resolver los problemas sociales, ambientales y económicos, pero quienes nos representan se siguen aferrando a un sistema económico que se basa en el crecimiento de la economía con el crecimiento como fin en sí mismo”.

Mayor importancia a la crisis del agua

La organización Greenpeace, en voz de su representante Schvartzman, reiteró que ya son demasiadas las corporaciones que transgreden el medio ambiente, lo que impide que se logre un desarrollo sostenible. Sostiene que estas han “socavado” la defensa natural de los bosques forestales con la explotación de los recursos naturales.

Brasil podría ser un ejemplo de buenas prácticas gubernamentales y empresariales si no fuera porque reflejó un aumento de un 37 por ciento en la deforestación, en relación al nivel reportado en 2010, según lo mostraron en el reporte Una economía ecológica justa y equitativa, presentado por Schvartzman durante la cumbre y en el que dieron a conocer sus expectativas sobre el desarrollo sostenible, en Río+20.

Es por esta razón que Schvartzman, infiere que “Brasil debe decidir si quiere ser conocido como la nación que encabeza el camino hacia la prosperidad sostenible y la deforestación cero”.

Hay que mantener la vegetación del mundo viva, para poder respirar y mantener una buena calidad de vida. Para lograrlo, se debe parar, entre otras cosas, ante el exterminio sin freno de las especies oceánicas que limpian las aguas y detener el uso y abuso del agua de los ríos.

Sin embargo, uno de los acuerdos firmados por algunos gobiernos de países desarrollados en la Cumbre para la Tierra en Johannesburgo, en 2002, fue “crear redes de zonas marinas protegidas (MPA, por sus siglas en inglés) para el año 2012”.

En la actualidad, estas cubren menos del 6% de los mares territoriales y solo 0,5 por ciento de las zonas ubicadas más allá de la jurisdicción nacional, según indicó Schvartzman en su informe. Conservar de un 20 a un 30 por ciento los mares del mundo propiciaría la reproducción de peces, que a su vez producirían cerca de $70 a $80 millones de dólares al año, lo que significa que generaría empleo para muchos necesitados del mismo.

En otro renglón, Schvartzman cita el caso de Alemania donde el 81% de la capacidad del abastecimiento eléctrico es renovable. Su organización insiste en que si se redujeran las emisiones para el 2050 y se invirtiera en “eficiencia energética y energías renovables, en vez de combustibles fósiles y energía nuclear, le llegaría servicio eléctrico a personas pobres que no cuentan con ella”.

“Es irracional seguir asumiendo que los recursos del planeta son ilimitados, y continuar subsidiando industrias sucias como la de los combustibles fósiles, la sobrepesca y la deforestación”, precisó Schvartzman.

En torno a la poca disposición mostrada para escuchar a los grupos minoritarios como los pueblos indígenas, Jesús Amadeo Martínez, presidente del Consejo Indígena de Centro América, dijo a la Agencia Intercultural de Noticias de Bolivia que su petición fue propiciar el derecho a los indígenas y a la Madre Tierra y por tal razón “como pueblos indígenas hemos hecho el esfuerzo de llegar hasta aquí (Río de Janeiro) para presentar nuestra propuesta a los gobiernos y decirles que nos tomen en serio, porque de aquí a diez años el mundo se terminará”.

En este punto Schvartzman coincide con Martínez al aseverar que “para los movimientos sociales y ambientales, el resultado de esta cumbre es una lección de que debemos incrementar nuestros esfuerzos para seguir movilizándonos, porque si esperamos que nuestros gobiernos lo hagan, será muy tarde”.

Más que tener fe es crucial que cada ciudadano del mundo ponga su grano de arena y comience a cooperar en la recuperación del planeta para que pueda seguir pariendo recursos naturales libres de tóxicos. Aunque gran parte de la responsabilidad pesa sobre los gobiernos que no tienen palabra a la hora de reponer lo que han mutilado, nos corresponde a todos por igual luchar y labrar un futuro que brinde una verdadera calidad de vida a los que vienen detrás. Sería por sobremanera injusto dejarles una carga tan pesada y casi imposible de llevar.

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