“Sí hay intolerancia étnica y nadie hace nada contundente por erradicarla”

Gitanos atosigados por expulsión masiva de Bulgaria buscan vivir libres del asedio de las autoridades del país y de las tendencias xenofóbicas en Europa.

Reportaje investigativo por: Mili Roulet

La discriminación que viven día a día, la alegada corrupción gubernamental búlgara y las disputas surgidas por la presencia de estos romaníes podrían dar al traste con las esperanzas de ver materializarse un plan de inclusión social justo que garantice mejor calidad de vida y respeto por los inalienables derechos civiles de este grupo de ciudadanos errantes e ignorados.

El detonante que provocó las masivas protestas, iniciadas en el poblado de Katunitsa (160 km al este de la capital, Sofía), para exigir la expulsión de los gitanos asentados allí, fue la muerte del joven eslavo Angel Petrov, de 19 años. De esta muerte se derivó la de su amigo de la infancia, cuyo corazón no soportó su partida.

Petrov, al igual que cinco personas más, fue arrollado el 23 de septiembre de 2011 con una furgoneta conducida por Kiŕil Rashkov, gitano de 26 años y nieto del patriarca del mismo nombre quien está bajo investigación fiscal por evasión de impuestos y posesión de identificaciones falsas.

Residentes de Katunitsa alegan fue el abuelo de Rashkov quien emitió la orden de ejecutar el atropellamiento por alegadas rencillas con Petrov. El adolescente murió a consecuencia del impacto. En enero de este año, Rashkov fue condenado a tres años y medio por amenazar de muerte a los aldeanos que participaron en las protestas.

En medio de las marchas exigiendo la expulsión de los gitanos, los ciudadanos búlgaros acusaron a las autoridades gubernamentales de ineptitud ante la situación. Este suceso, sumado a una serie de incidentes que se suscitaron en nueve ciudades del país tanto de parte de los gitanos como de los búlgaros, ha recrudecido más las ya tensas relaciones entre ambos grupos de ciudadanos.

“La tensión en las relaciones entre los ciudadanos búlgaros y los gitanos ha estado creciendo por lo menos por diez años. Ahora encuentran la razón para que todo explote”, indicó el historiador búlgaro, Alexander Safonov.

El experto también sostuvo que “el presupuesto nacional de Bulgaria es incapaz de mantener a tantos desempleados”, refiriéndose a los gitanos desplazados en el país más pobre de Europa y al que la Unión Europea redujo 500 millones de euros de su asignación de fondos, como miembro de los 27 países pertenecientes.

La situación crítica y de estigmatización que sufren muchos gitanos en Europa, en este caso los que viven o nacen en Bulgaria, empeora cada vez más. La indignación de los búlgaros hacia ellos y hacia las autoridades es evidente.

Por un lado, muchos búlgaros tildan de corrupto al gobierno y de favorecer miembros del crimen organizado gitano. Manifestaron estar hartos de la impunidad de la que gozan. Por otra parte, la implementación de las políticas de educación, sanidad, empleo y vivienda para los romaníes (gitanos), incluidas en la Estrategia Nacional de Integración de Roma de la República de Bulgaria (2012-2020), el Programa de Reforma Nacional de la República de Bulgaria (2011-2015) y el Plan de Acción Nacional para la Década de Inclusión de Roma 2005-2015 que se han ralentizado en estos tiempos de crisis económica, los inclina a infringir reglas sociales. No empece a tantos proyectos plasmados en los folios, los romaníes siguen sufriendo vejaciones, rechazos y una negación a sus derechos básicos.

La Secretaria de Estado, Hilary Clinton, y el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, manifestaron sus felicitaciones a la comunidad gitana el pasado 8 de abril por la conmemoración del día internacional de los gitanos.

“Muy frecuentemente y en muchos lugares están obligados a vivir al margen: son segregados, golpeados y sistemáticamente discriminados. Creemos que los gobiernos tienen una responsabilidad especial para garantizar que los miembros de la comunidad gitana tengan las herramientas para ser parte productiva de la sociedad”, expresó por medio de un comunicado de prensa, Hillary Clinton.

Un informe desvelado este año por Amnistía Internacional demuestra que los 12 millones de gitanos del mundo sufren cada vez mayor discriminación por parte del resto de las sociedades y gobiernos y que estos no hacen lo suficiente para acabar con esa situación.

De la misma forma la investigadora de la European Association for the Defense of Human Rights, Erell Chardon, indicó al periódico El Tiempo que la tasa de gitanos desempleados en ciertos países “alcanza el 90 por ciento”, lo que implica que prácticamente “están excluidos del mercado laboral”.

En el caso de Bulgaria, estos niveles son cuatro veces más que para el resto de los ciudadanos búlgaros. Este país de los Balcanes tiene una población de 7 millones 500 mil habitantes cuyo cinco por ciento (375 mil personas) lo constituyen los gitanos.

Orígenes de un pueblo disperso

Para conocer a los gitanos y las razones de tantos éxodos que han venido sufriendo durante siglos hay que remontarse a los tiempos del imperio Otomano, en el siglo XIV (1453), al este del mar Mármara (océano que une al mar Negro con el mar Egeo a través de los estrechos del Bósforo y Dardanelos) y al esparcimiento de su dominio entre 1520 y 1583.

Los gitanos, zíngaros o romaníes fueron sometidos por este imperio a la esclavitud, sumisión que les ha perseguido desde entonces, en todos los sentidos posibles. En ese tiempo, distintas tribus comenzaron a escapar por rutas diferentes en busca de la libertad y de ahí surge la dispersión de esta etnia por distintas partes del mundo, especialmente Europa.

La teoría de mayor peso sobre el origen de los gitanos es que provienen de la región del Punjab, la parte norte de la India. Muchos investigadores coinciden en que pudieron haber abandonado sus tierras cerca del año 1000 D.C. atravesando lo que hoy día constituye Afganistán, Irán, Armenia y Turquía, para llegar a Europa.

Según el estudio Ethnosocial Structure of the Roma of Bulgaria, realizado por los etnólogos Elena Marushiakova y Popov Vesselin, los gitanos de Bulgaria descienden de la corriente de Roma. Provienen de la tribu de Yerlii, uno de los llamados metagroups, por ser la comunidad entre ellos más numerosa y variada. Descienden del primer grupo que desistió del nomadismo y se asentó en los Balcanes. Hablan distintos dialectos gitanos de esta zona. No son una comunidad homogénea.

Los Yerlii se subdividen en romaníes Dassikane (gitanos cristianos búlgaros); y en romaníes Horohane (gitanos musulmanes o de Turquía). La conciencia de pertenencia de grupo es lo más importante para estos gitanos.

Se dedican a oficios que son una tradición, conforme a los subgrupos a los que pertenezcan. Entre el clan de los Dassikane están los Burgudjii (fabrican barrenas), los Koshnichari (elaboran canastas) y los Dzhambazi (vendedores de caballos).

De la misma forma, de los Horohane se derivan los Drandari o Musikanti (artistas y músicos), los Zvanchari (artesanos de campanas). Los Koshnichari también coexisten con este subgrupo. El otro metagrupo asentado en Bulgaria es el Kardarashi, que su vez se subdivide en más grupos como los Slataria o Grastari o Nitsuleshi (gitanos provenientes de Serbia); los Dodolania, los Tasmanari, los Zhapli o Zhapleshti y otros. Todos estos grupos son estrictamente endogámicos (solo se mezclan entre sí).

La llegada de estos grupos a Bulgaria se remonta a los siglos 17 y 18 D.C., cuando sus ancestros, esclavos procedentes de Wallachia (del imperio otomano) pisaron este país balcánico. No fue sino hasta el 1856 que lograron soltarse de las cadenas de la esclavitud.

La directora del Instituto Europeo de Sofía, entidad gubernamental búlgara que trata asuntos políticos del Viejo Continente y lucha contra la discriminación, Lubov Panayotova, explica que “en Bulgaria hay al menos 16 clanes gitanos, cada cual con su propia jerarquía implantada, cosa que a veces dificulta la integración en la sociedad búlgara”.

Gitanos de hoy

El 8 de abril de 1971 se celebra el día internacional del gitano gracias a un congreso de gitanos celebrado en Londres ese día. Se estructuraron aspectos unificadores importantes para la inclusión de esta población a la sociedad común. Ese día se instituyó la bandera que los representa como pueblo y un himno, Gelem Gelem (Andar y andar), canto de lamento ante siglos de errar bajo sufrimientos y torturas, especialmente durante la otra esclavitud que les tocó vivir, tal vez la peor, el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial. Bajo estos tortuosos campamentos del horror murieron, al igual que los judíos, cerca de un millón 500 mil gitanos de todas las edades.

Según datos aportados por el Banco Mundial, siendo la minoría más importante de Europa, el 89 por ciento de los gitanos búlgaros no tienen escolaridad y sus sueldos no superan los tres euros por jornada diaria laboral. Actualmente, muchos jóvenes gitanos apuestan por su cultura y son conscientes de que la única puerta que los lleva a una inclusión real y tangible, es la educación.

Sin embargo, hay gitanos más escépticos que piensan que se debe ir a la raíz del problema del analfabetismo entre ellos. Así lo expresó Alessandra Fonseca, del Instituto de Cultura Gitana en Granada, España, al indicar que los romaníes “vivimos un fundamentalismo gitano que perderá fuerza cuando asimilemos que vivimos en el siglo XXI, cuando modifiquemos determinados aspectos y tradiciones que nos dificultan el avance”.

A estos efectos, el miembro del Consejo de Europa, Jeroen Schokkenbrook, entiende que la mujer juega un papel central en estos procesos de inclusión social, por lo que se inclina a señalar que “creemos que las mujeres gitanas son agentes muy importantes para el cambio, para el cambio en las comunidades romaníes, pero también como elementos de presión y para trabajar con los gobiernos en promover el cambio”.

¿Intolerancia étnica o qué?

Un grupo de ciudadanos exige la expulsión de los gitanos, a pesar de que muchos sean originarios de allí. El gobierno llama al orden en las calles de Bulgaria sin asumir verdadera responsabilidad por los delitos que cometen algunos. Mientras, los romaníes acusan a los Kalderashi, tribu proveniente de Serbia, de ser los autores del crimen organizado en ese país y por los cuales tildan al resto de bandoleros y vagos. Este subgrupo desciende del clan Vlax Romani y se consideran los gitanos genuinos.

Ellos, por su parte, señalan que no es cierto y que los verdaderos delincuentes son algunos miembros del gobierno búlgaro, que los manipulan y utilizan para enriquecerse.

No lo piensa de esta manera, Antonio Jhon, gitano nacido en Puerto Rico y perteneciente al clan Gunuresti, romaníes inmigrantes procedentes de la ciudad de Mashuano, Serbia y muy arraigados a sus raíces gitanas.

“Siempre ha habido racismo entre el gitano y el que no es gitano. Si voy a algún lugar y digo que soy gitano, me miran raro; pero si digo que soy, por ejemplo, húngaro, entonces su visión cambia. Entiendo que sí hay intolerancia étnica y nadie hace nada contundente por erradicarla”, dijo Jhon.

Jhon adujo que no se puede dar más a unos y a otros menos. Las minorías cuentan también en una sociedad y es labor de los gobiernos lograr de forma evidente y tangible que esa categoría desaparezca para bien de la evolución de la humanidad.

“Los gitanos queremos un pedazo de tierra, una casa. Vivir bien como cualquier otra persona. Pero si los gobiernos no nos ayudan, ¿qué va a pasar? Nos van a trasladar de un pueblo a otro. ¿Dónde vamos a terminar? La Unión Europea tiene que tomar las riendas responsablemente, establecer escuelas donde los niños estudien dignamente. Que la Unión Europea ayude verdaderamente, como hay ayudas para los judíos”, expresó.

La educación es la base para reconocer los derechos que tiene cada ser humano, desde su nacimiento hasta su muerte. Si se tienen conocimientos, no habrá mentira que sea aceptada ni tolerada por ente alguno.

Si bien es cierto que los gitanos han sido marginados por siglos, no es menos cierto que hay iniciativas sinceras por parte del gobierno búlgaro para educar y conducir a un buen vivir a esta minoría, como es el caso del alcalde del pueblo de Kavarna, Tsonko Tsonev, quien promovió una enlace entre la municipalidad y las minorías residentes. Allí unieron sudor y sacrificio para pasar de asentamientos denigrantes a vecindarios decentes donde vivir los cuatro mil gitanos que allí habitan.

“Los gitanos son un tercio de toda la población y propuse que un tercio del presupuesto municipal debería destinarse a las infraestructuras de sus barrios, incluso más de un tercio porque las condiciones de estos barrios eran las peores”, adujo luego de ser electo alcalde, Tsonev.

En esta corriente de pensamiento fluye el sentir del gitano Jhon al decir que “no les des solamente la pala y un pico, necesitamos los granos para sembrar y luego cosechar”.

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